Actualmente, la Danza
Oriental (popularmente llamada del vientre) se ha convertido en
una disciplina en auge en todo el mundo. Sobre todo en los países
del Norte de Europa. Son curiosas las motivaciones de las mujeres
que se acercan a este arte.
Naturalmente hay un componente estético
y de querer estar en forma que siempre esta presente, pero también
se busca algo más. Como vemos en las experiencias de distintas
mujeres de edades y profesiones diversas hay una búsqueda
de la femeneidad, de la liberación de la energía
puramente femenina y de las emociones.
Quizá nos encontremos en el punto
de querer unir esa naturaleza dual, interna y externa, esos primeros
movimientos terapeúticos de potenciación, con la
necesidad de "salir del santuario", de dejar que aflore
la mujer fértil que somos (fértil también
en el sentido de riqueza interior, de capacidad expresiva).
Está claro que la Danza Oriental
es una alternativa distinta pàra sentirnos en forma de
una manera más creativa, menos agresiva, más orgánica,
en donde se pone en juego no sólo la capacidad física
sino el potencial expresivo y femenino con el que contamos.
Desde este ángulo el baile árabe
es terapeútico, no sólo fisicamente sino que también
es un ejercicio constante del aquí y ahora, sintiendo la
música y aprendiendo a reconocer nuestro cuerpo con una
técnica, si, pero también con nuestro instinto y
nuestro sentido ancestral del ritmo.
Es hora de revalorizar lo que tenemos,
de sentirnos bellas y sensuales con aquello con lo que contamos
ya, ahora, dentro y fuera de nosotras.
De eso se trata también esta danza,
o al menos mi forma de encararla.
Trabajamos en tres niveles:
El físico,
está claro, el mental,
ejercitansdo la agilidad en la coordinación y el
emocional, liberando la expresión
de las sensaciones a través de la música.